Documento Política Regional FA

DESDE EL BIO BIO, AVANZAR HACIA UNA POLÍTICA REGIONAL DEL FRENTE AMPLIO

¡Adelante, adelante, con todas las fuerzas de la historia!

Miguel Enríquez

Quiero que actuéis como si nuestra casa estuviese en llamas. Porque lo está.

Greta Thunberg

PRESENTACIÓN.

Elaborado al calor de la intervención y los debates del Congreso del Frente Amplio, el presente documento aspira a motivar la discusión sobre el impacto y las perspectivas de nuestras intervenciones a nivel territorial, y en particular estimular el desarrollo de una política regional más ambiciosa. El documento presenta los fundamentos de la propuesta más específica que debemos elaborar acerca de políticas concretas a impulsar y proponer a la sociedad, en cuanto a aspectos regionales de la superación del modelo. Quien suscribe tiene el convencimiento de que asumir los desafíos que representa la disputa en distintas escalas del poder puede ser un ejercicio ordenador de nuestra práctica, desde donde nacen los liderazgos que pueden sostener el impulso transformador de largo alcance que supone nuestro proyecto político común. La transformación del país no se limita al marco estatal nacional sino que cobra vida en las transformaciones a nivel de territorios, regiones y comunas.

I. Del poder y sus (nuestros) territorios.

Atravesamos un periodo histórico marcado por la reconfiguración de los centros mundiales del poder, que incluye el descarrilamiento del capitalismo hacia versiones políticamente regresivas, ultra-concentradoras de riqueza y sostenidamente eco-cidas.

A la par que alcanza velocidades y formas inéditas de des-territorioralización, el capital va desposeyendo grandes zonas del mundo de las condiciones para la sustentación de la vida -social y natural- consumiendo recursos materiales y culturales, dejando a su paso una huella de destrucción y desesperanza. Pero esa dimensión de-constituyente se articula a la vez con una re-territorialización de cuerpos, ideas y fuerzas naturales que presionan por la redefinición de las fronteras político-administrativas y las formas tradicionales de gobierno de los territorios.

El Frente Amplio nace al calor del cuestionamiento que la sociedad en movimiento hace al orden de la transición, con el mandato de evitar el abismo al que nos empuja el inmovilismo de la política del duopolio. Atrapada en un tránsito histórico entre los límites de soberanía impuestos por un desarrollo económico dependiente -vía flujos globales de capital y regulaciones transnacionales-, y la profundización de mecanismos internos de saqueo, alienación y dominación, anhelamos abrir un nuevo horizonte al que aspirar como sociedad, construyendo una alternativa política que lo haga viable.

Para quienes nos hemos dado como tarea principal en este periodo construir esa alternativa dispuesta a la superación del neoliberalismo, es impostergable asumir el desafío de desarrollar una política de construcción de poder territorial que contribuya a disputar desde abajo las políticas neoliberales neo-extractivistas que las élites impusieron en Chile a sangre y fuego, cuyas redes se extienden por todo el continente.

Desde nuestra participación en conflictos locales y territoriales así como en solidaridad con otras luchas, hemos aprendido de la historia que la confrontación política tiene una dimensión territorial ineludible. Dada nuestra opción por disputar cada espacio de poder neoliberal en la sociedad, incluida la propia institucionalidad del Estado, es imprescindible avanzar con mayor determinación hacia el desarrollo de políticas territorialmente democratizadoras y transformadoras.

Ahora bien, observando nuestra práctica conjunta aflora claramente un importante vacío político frenteamplista en la discusión de la escala territorial de la política, lo que repercute en riesgo a nuestras perspectivas como referencia política y contribuye a oxigenar a aquellos actores políticos locales a los que nos corresponde disputar. En el caso de las regiones y comunas por ejemplo, se ha hecho evidente cómo fuerzas políticas “desgastadas” -como nos gusta decir-, incluso con una limitada iniciativa política, son sin embargo capaces de ganar tiempo administrando lo que tienen, profundizando el modelo, condicionando negativamente la vida de las mayorías y de paso dilatando la consolidación de una alternativa.

Las división político administrativa de Chile es un engendro resultado de una estrategia refundacional de la gobernabilidad -adecuada al impulso de políticas neoliberales-, impulsada por el régimen militar y adaptada al régimen político de la democracia tutelada y binominal. Esa misma división actual del territorio en comunas, provincias, regiones, distritos y circunscripciones, así como las formas de gobierno que se establecen para esas unidades territoriales, responden mucho más a estrategias estatales complementada por la influencia de poderes fácticos diversos, que a niveles sustantivos de identidad, soberanía y autonomía de territorios y comunidades.

En Chile, los territorios administrativos existentes han sido lanzados a una competencia entre si, por recursos centrales y flujos de inversión; luchan por separado y a tiempos distintos frente a injusticias y crisis locales, pasto de clientelas electorales de caudillos y grupos políticos que en el reparto del botín estatal se pelean cargos públicos regionales, provinciales o comunales con miras a algún día cosechar la guinda de la torta del poder nacional; y finalmente son vencidos juntos por la fuerza del estado central y la pisada de los grandes capitales. Es la exitosa descentralización iniciada por la Junta Militar y profundizada por los gobiernos civiles, proceso que tendrá un punto cúlmine en la elección de gobernadores regionales el año 2020.

Esa constatación de la descentralización realmente existente no implica abandonar la idea de devolver atribuciones y competencias a los territorios y localidades, por el contrario, demanda profundizar la transformación y superación del actual modelo que fragmenta y frena la soberanía de los espacios periféricos al poder. Si la alternativa necesariamente se construye también desde los territorios, comunas y regiones, es central leer -y posicionarse- frente la situación política en esas escalas, con miras a profundizar el rechazo social al modo dominante de desarrollo regional y comunal, con su modelo político cultural avasallador y su matriz productiva de dependencia económica y neo-extractivismo.

Porque finalmente, para quienes aspiramos al autogobierno de la sociedad bajo un modo de producción no capitalista y relaciones de solidaridad, justicia y libertad, el problema de la relación entre el autogobierno de los territorios y la construcción de una fuerza social capaz de revertir los mecanismos del poder y regenerar el tejido social y ambiental destruido, resulta fundamental para definir el tipo de alternativa que somos y el tipo de sociedad a que aspiramos, y no es un aspecto secundario a resolver técnico-burocráticamente cuando se haya alcanzado mayor control del aparato centralizado del Estado.

II. Activarnos con -y para- una política territorial.

Los territorios en torno al rio Bio Bio han sido escenario de grandes disputas contra el centralismo y la colonización estatal-capitalista. La vigencia de la lucha ancestral del pueblo mapuche está ahí para señalarlo, junto con múltiples rebeldías autonomistas que han marcado, con diferentes expresiones, la historia de la zona, desde las luchas por la independencia, las luchas campesinas y obreras, las luchas por la educación pública y el conocimiento, hasta las luchas revolucionarias. La derrota violenta de esos procesos se ha traducido siempre en el reforzamiento del poder central y políticas de tierra arrasada en los territorios, para evitar el florecimiento de nuevas desobediencias, que sin embargo una y otra vez porfiadamente se abren paso a la luz.

Desde el Frente Amplio Bio Bio reconocemos la relevancia de la lucha territorial, y por ello planteamos fortalecer el carácter político de la disputa por los gobiernos regionales y comunales. Esas administraciones son armas quitadas a quienes las usan en contra de las mayorías, y convertidas en herramientas constructivas que sirven de apoyo a movimientos sociales y procesos de mejoramiento y cambio social. En ese sentido consideramos fundamental dar vida a la lucha política regional, levantar un ejercicio colectivo de lectura y opinión para trazar un camino de acción política y programática que resuelva este déficit y contribuya a superar el estado embrionario de existencia y pertinencia política que exhibimos como coalición que -elecciones aparte- aún no logra emitir señales muy concretas de lo que promueve.

El rechazo al modo dominante de desarrollo regional representa una escala política distinta, intermedia podría decirse, respecto de aquellas luchas nacionales en las que el referente principal y a veces exclusivo es el poder central del Estado. Sobrepasa los conflictos particulares y locales existentes en nuestras comunas y los determina en alto grado, en una concatenación donde buena parte de lo que ocurre a los territorios responde a planes o estrategias supra-comunales, con un circuito de movimiento regional de decisiones y recursos público-privados que demanda una visión integral.

Nuestra apuesta por construir una fuerza social dispuesta a respaldar e impulsar la superación del modelo debe contener como parámetros la construcción social del  rechazo a este y su politización, así como la confrontación efectiva de sus expresiones territoriales locales/regionales. Así, nuestro propio desarrollo como fuerza política está ligado a enfrentar las políticas neoliberales que impulsan regionalmente gobierno, gran capital y actores locales de poder, y no como eco de procesos que ocurren en La Moneda, el parlamento o los clubes de la élite. Por eso es indispensable que las fuerzas transformadoras, de las cuales el FA es parte, vayamos prefigurando el ejercicio de elaboración de políticas descentralizadoras, impulsando de abajo a arriba iniciativas y propuestas de cómo articular la problemática territorial con la política nacional.

Al mismo tiempo es clave vincular esa línea regional con la urgencia de fortalecer una política municipalista construida en conjunto con los actores sociales. Sabemos que romper el duopolio supone también evitar reproducir sus lógicas de acumulación de cargos y espacios estatales para la mera administración, acumulación de clientelas, o moneda de negociación en disputas centralizadas de tipo nacional.

Trabajar una política de cuestionamiento local del modelo requiere esbozar las redes de poder en la región y las comunas, es decir los actores políticos y económicos transversalmente presentes y sus orientaciones principales, analizar y pesar los mecanismos institucionales (como en seremías, gobierno regional, servicios, comisiones ad hoc) que le dan soporte táctico y efectividad y comenzar a cuestionar sus instrumentos para generar una convicción sobre qué y cómo hacer en su lugar (y no sólo trabajar en remplazarles).

Debemos abarcar por un lado la actividad económica y por otro la gobernabilidad institucional, delineando una propuesta integral de enfrentamiento y cambio encaminada a desmontar ambas, entrando así en la disputa por el carácter, ritmo y profundidad de la descentralización. Ciertamente nuestro avance estará sujeto a las correlaciones de fuerza presentes a distintas escalas, y dependerá de la capacidad de combinar acertadamente el uso de esas fuerzas en momentos institucionales, electorales o de presión directa, tanto en la movilización local como nacional, pero urge dotar de soporte programático y discursivo una práctica política contextualizada para intervenir en esas correlaciones.

La fortaleza de una síntesis regional inicial, además de estimular la iniciativa política y el posicionamiento, es dar un marco político común al conjunto de nuestros despliegues comunales y orgánicos. Ofrece un soporte adicional a los lineamientos de cada organización o instancia por separado, y claramente ayuda a interpelar de forma concentrada al conjunto de los actores económicos extractivistas hasta ahora bastante blindados ante la crítica transformadora, mostrando a un actor político distinto asociado a una idea de región distinta.

También permite confrontar en mejores condiciones a sus administradores políticos locales, quienes permanentemente se eximen de responsabilidad (educación, AFPs, contaminación, ciudad) con el pretexto de las leyes y las prerrogativas del poder central. Son ellas y ellos -gobernadores, intendentes, consejerias, seremis- quienes junto a alcaldes(as) articulan una cadena ascendente de legitimidad y control de voluntad social en nuestro radio concreto, frente a nuestros ojos, allí donde el FA es menos exitoso que en la abstracción de lo nacional; sobreviviendo e incluso  proyectándose como alternativa natural a sus mentores políticos, es decir a sí mismos.

Algunas variables a considerar en la discusión sobre el escenario regional son los siguientes. La política territorial no está ajena al marco general de lento pero continuo reordenamiento de la política para cerrar el ciclo de la transición y el duopolio, en un contexto de constante falta de legitimidad de las instituciones, vulnerabilidad económica (frente a las fluctuaciones de los mercados y las tensiones de la guerra comercial EE.UU.-China) y debilidad relativa del gobierno de Piñera. Las promesas de tiempos mejores se han limitado a muchos anuncios efectistas, organización de eventos mundiales como la APEC y la COP25, acompañada de reformas menores, varias de ellas encaminadas a recuperar privilegios a las élites económicas y garantías para la inversión privadas más que a desatar fuerzas productivas de nuevo tipo. Y pese a tanto ruido, permanecen sin resolver situaciones críticas como la crisis de contaminación en Quintero Puchuncavi, la situación del SENAME, los problemas históricos en el Wallmapu, ocultadas por estrategias de seguridad pública y control de la inmigración.

La llamada oposición (ex-Concertación y ex-Nueva Mayoría) no logra rearticularse mínimamente más allá del interés parlamentario y enfrenta cada situación con reagrupamientos precarios y fragmentados. Los parlamentarios del Frente Amplio han hecho en general un buen trabajo, pero son esfuerzos dispersos, marcado por los procesos de reordenamiento interno de sus formaciones y baja capacidad de conducción política del bloque, lo que genera desconexión entre espacios de intervención política. Pese a ello, y en parte gracias a la debilidad de las fuerzas del duopolio, el Frente Amplio mantiene una posición privilegiada para proponer nuevos rumbos a la sociedad, e incluso avanzar posiciones en las disputas electorales por espacios de administración estatal de comunas y regiones, tan complejas de disputar.

III. Sobre la articulación del andamiaje institucional

La región del Bio Bio en particular está comenzando a percibir que completada la separación de Ñuble, su peso real no es lo que los discursos grandilocuentes de la élite afirmaban, sino una región de tercer orden en su peso político-económico, con un destino asignado de zona de sacrificio ambiental y corredor global de mercancías, y poca masa crítica para proponer y alcanzar rumbos alternativos. Observamos que la élite política regional se ha revelado carente de competencias e ideas, encerrada en la administración pasiva de un modelo centralista, sometida a la suma de ambiciones de caudillos y grupos de poder cuya ideología implica la renuncia a gobernar  entregando la región al sector privado para que este, con su crecimiento económico, “desarrolle” la región. A la par, marketing y clientelas caben cómodamente bajo el envoltorio de un proceso descentralizador y de transferencia de competencias limitado y burocrático, lo que hace aún más gravitante nuestro comportamiento silente en la materia, así como muestra la oportunidad de profundizar la pugna entre las fuerzas del duopolio generando a nuestro favor nuevos agrupamientos.

En lo inmediato, la agenda política regional y comunal ya comienza a ser determinada por la carrera desatada hacia las disputas electorales del año que viene, de alcaldes/as, concejales/as y gobernadores/as regionales, como paso fundamental en la medición de las correlaciones de fuerza con miras a las elecciones parlamentarias y presidencial subsiguientes, de mayor fuerza reordenadora.

La inercia administrativa de las fuerzas políticas oficialistas y de la oposición, que en la región son mayoría casi absoluta en el gobierno regional y las municipalidades, ha replicado acá los déficits del gobierno central, donde las prioridades son mantener el estado funcionando y atender emergencias, sin enfrentar las causas de las mismas. En nuestra región persisten viejos problemas a los que se agregan nuevas situaciones: al desempleo el crecimiento del subempleo; a la persistente pobreza los daños del tráfico de drogas y la política carcelaria; a las políticas segregadoras de vivienda y políticas especulativas de suelo las catástrofes que mantienen constantemente una parte de la población afectada en situación de reconstrucción; a la falta de oportunidades a la pequeña y mediana empresa el estímulo a las grandes y voraces conglomerados empresariales; a la crisis de la industria local nuevos tratados que nos quitan soberanía económica y territorial; al endeudamiento de los estudiantes y la baja calidad de ciertas instituciones la migración de los profesionales egresados; a los incendios forestales la sequía y el cambio climático; al relleno de humedales la especulación inmobiliaria y las inundaciones; a la congestión la crisis del transporte público. Y suma y sigue.

Un conjunto de instrumentos normativos y de gobernabilidad se encuentran en pleno proceso de elaboración o modificación. A nivel nacional destacan la normativa para transferencia de competencias en el marco de la descentralización y elección de gobernadores/as regionales, de la cual las regiones y el FA hemos estado más bien ausentes. A nivel regional está la Estrategia Regional de Desarrollo, el Plan Regional de Ordenamiento Territorial, el Plan Regulador Metropolitano de Concepción, los Planes Reguladores Comunales, el plan de saneamiento ambiental 21, el presupuesto regional y los fondos sectoriales 2021, es decir, un conjunto de herramientas cuyo carácter no es neutral e influenciará en nuestras condiciones futuras para gobernar.

Mirando este proceso pensamos que el momento para construir e instalar una referencialidad política cuestionadora del modelo regional y sus defensores se inicia hoy. Si aspiramos a ser alternativa tenemos que intervenir a tiempo en procesos de conformación de fuerzas e intereses que luego deberán expresarse y confrontarse en elecciones y otras situaciones de masas, en lugar de dejarlas como materia de propaganda al calor de campañas electorales.

Para hacernos una idea del carácter territorial que adopta la implementación del modelo neoliberal en nuestra zona y su funcionamiento sistémico consideremos un megaproyecto rural como MAPA, de empresa Arauco, buque insignia del desarrollo extractivista y orgullo de la economía política local. En términos generales la duplicada cantidad de celulosa a producir -una de las mayores del continente- afecta la sustentabilidad del agua en la región, aumenta el riesgo de incendios e intensifica el saqueo de territorio mapuche. ancestrales de pueblo y el contexto de cambio climático hechos de alcance nacional e internacional, la planta aprobada definitivamente en pleno 2018, no desató más oposición que  nivel local, ni se vio impugnación política a la condición de zona de sacrificio que unifica buena parte del Bio Bio. Así, tenemos una matriz de monocultivo probadamente colapsada que persiste -salvo resistencia- copando comunas rurales, urbanas, costeras, castigando reservas de agua y zonas residenciales, degradando suelos, humedales y ecosistemas; cuya carga se traslada hacia otras plantas y puertos atravesando el gran Concepción. Esto deriva en otros megaproyectos viales y ferroviarias (puentes, nuevas vías, soterramiento) con sus correspondientes conflictividades al intervenir la movilidad urbana, impactar en espacios naturales de altísimo valor y en zonas residenciales del área metropolitana.

Para tal expansión, como en muchos otros casos simples de catastrar, opera el respaldo de instituciones que siendo parte del Estado, cuentan con existencia y jurisdicción regional. La institucionalidad ambiental y SEA visan estos proyectos y megainversiones sin suficiente costo político (en medio de cuestionamientos de base a su rol proempresa e iniciativas legales de modificación); Seremias de vivienda continúan avalando (con incipiente crítica organizada) instrumentos de planificación (PRM) que obvian estas y otras contradicciones; Seremias como la de medio ambiente rinden mediáticas cuentas públicas con tono de campaña sin que aparezca ni siquiera un cartel, en paralelo la Intendencia aplica y modifica la Estrategia de Desarrollo con fórmulas de participación simuladas, sin que se configure un emplazamiento consistente a dicha ERD en este rubro medular, ni menos una contrapropuesta. Y Ambiental aprueba cada nuevo proyecto de inversión sea forestal, industrial, pesquero, energético o inmobiliario. Por su parte el Consejo regional (CORE) extiende observaciones específicas sin ningún efecto, cómodamente empaquetado en lo que acepta por sus atribuciones. Salvo excepciones, cada ofensiva de explotación intensiva y contaminante de bienes naturales prospera exenta de cuestionamiento práctico e incluso libre de mayor debate en la opinión pública, en la academia, en el conjunto de los movimientos sociales salvo los socioambientales y cuando gran parte de la región arde quien saca partido de la emergencia mediante el despliegue institucional local es el gobierno.  

Cuando el gobierno regional da cuenta de esas necesidades, como en el caso de la alta inversión pública sectorial y regional destinada a costear el Agua Potable Rural (APR), que literalmente absorbe gran parte del presupuesto del Bio Bio, se hace pasando por alto e incluso celebrando la expansión de la industrial forestal productora de sequía, cuya práctica sabotea las políticas públicas, que terminan así limitadas a subsidiar los impactos de la destrucción empresarial. El monocultivo propicia el derroche de los magros recursos municipales que reciben las comunas rurales en el lucrativo negocio de los camiones aljibes. Esas mismas comunas: ¿ganan algo con esta matriz productiva o se siguen empobreciendo? Se destruyen caminos mientras a la vez dinero público financia carreteras, se secan cauces, se desplaza población y se reducen al mínimo los suelos para viviendas, se usurpan tierras a campesinos mientras crecen las redes de influencia y las instituciones asociadas a una economía forestal que increíblemente continúa percibiendo recursos estatales por la vía del Decreto 701 (aún cuando últimamente llegan de manera menos directa) y para decorar el abuso Arauco paga periódicos cinco mil pesos de patente. En las comunas rurales, en las costeras, en las industriales, en los centros urbanos del Bio Bio se repite de una forma u otra este mismo patrón: un estado subsidiario aceitado a nivel regional abre las compuertas administrativas al saqueo extractivista, focaliza migajas eludiendo prioridades de fondo e incluso transfiere fondos públicos a objetivos empresariales.

Cuando eventualmente se ponen sobre la mesa recursos que en teoría deberían potenciar un cambio de matriz productiva, se trata de fondos regionales aprobados sin la debida salvaguarda que desembarcan en universidades con fines de distinto tipo que por decir lo menos no ponen en la mesa las centralidades de una reorientación del desarrollo, como en el caso de Fondos de Innovación y el proyecto PACYT.

Los vencedores económicos cuentan además con un truco político clave: el ás del relato estadístico del crecimiento asociado al empleo -precario y riesgoso- un chantaje que a nivel país ha tomado la forma del “encanto económico” representado por un presidente multimillonario, condicionando y controlando individualmente a la fuerza de trabajo mientras lavan sus manos autoridades y actores políticos locales y la región se mantiene arrinconada en una humillante resignación colectiva.

Desde ya el tema presupuestario de estos días -fondos 2021 FNDR- representa una discusión anual y un escenario de acción política conjunta insoslayable para el conjunto del FA, diputación, concejalías y core, dada su potencialidad e incidencia medular en el modelo. Los trasvasijes de recursos a la inversión privada ligado las prioridades regionales para la orientación pública del gasto, los mecanismos de asignación a las regiones y los requisitos de aprobación, así como la lectura del estado del arte en términos de descentralización presupuestaria -con propuestas PEV importantes de considerar - se une a cuestiones tan fundamentales de proponer como la tributación e impuestos territoriales comunales y regionales. Una política frenteamplista al respecto representa un importante pilar para una nueva imagen de región que resulte movilizadora en función de superar el rezago así como una estructura social desmembrada.

IV. Un salto político conjunto en la política territorial regional y comunal

Afortunadamente esta reflexión transversal está comenzando. Factores como la densidad de los conflictos socioambientales causados por la profundización del modelo neoliberal extractivista, el reciente rechazo a la maniobra institucional de la Intendencia, cierto debate por el presupuesto 2020, esfuerzos varios de esta Consejería Regional, van propiciando un estado de atención e iniciativa que por un lado ha permeado la discusión congresal en algunos hitos y también ha sido recogida y analizada en nuestra mesa política regional.

Entre los pasos venideros van tomando forma nuevos hitos que no podemos desatender:

    A) Cumbre APEC. La realización de sesiones de trabajo en la región debe servir para manifestar junto al movimiento social nuestro rechazo a las iniciativas de nuevos tratados que profundizarán nuestra dependencia del extractivismo y limitarán nuestra soberanía para alterar esa dinámica.

    B) COP 25. Además de realizar contra-eventos regionales para la discusión de las consecuencias del cambio climático en la zona y generar propuestas de medidas de mitigación y adaptación regionales/comunales, es importante impulsar que el FA se haga presente en las cumbres paralelas, en las cuales los activistas de nuestra región deben tener presencia destacada por la relevancia de las luchas socio-ambientales que acá se desarrollan.

    C) Elecciones municipales. Aunque este proceso esta dominado por acuerdos nacionales y decisiones propias de cada fuerza, es fundamental avanzar en mecanismos participativos comunes de selección de candidaturas que faciliten la participación de liderazgos sociales. Es fundamental impulsar que allí donde exista una mayor densidad de luchas y organizaciones sociales se conformen coaliciones político-sociales para la disputa municipal, en base a compromisos colectivos de cómo gobernar. Esto último es imprescindible: no se trata de competir por quien gana más gobiernos municipales sino por avanzar en base a procesos colectivos de elaboración de programas y metas de trabajo municipales que recojan lo que movimientos y organizaciones ya están demandando y lo sistematice en una visión-objetivo de ciudad, que permitan efectivamente gobernar de manera transformativa.

    D) Elección de gobernadores/as. Dado lo inédito de este proceso -que ya se instaló en la agenda política- está mucho más abierto a lo que las regiones propongan y avancen en esta materia. Es fundamental que el FA otorgue centralidad a esta disputa, y como las atribuciones mismas de los gobernadores/as son bastante limitadas, es prioritario que las candidaturas sean capaces de proponer una visión coherente en base a una idea político-programática que incluya una carpeta de urgencias regionales. Levantada a tiempo esta candidatura podrá entregar a las confrontaciones comunales un enfoque territorial más amplio que ayude a la coherencia regional de las distintas intervenciones, y complementarse electoralmente. Esto supone un mecanismo legítimo de elección de la candidatura para que el/la candidatx pueda entrar a disputar públicamente en un escenario donde los demás ya parten con ventaja. Debemos hacer que la necesaria Conferencia FA de agenda regional a realizarse en noviembre, comisión inaugurada por Convergencia Social y abierta a todas y todos, además de un hito público y programático lo sea en la definición interna de los mecanismos y procedimientos de resolución en los procesos acá planteados.

Somos conscientes de que las luchas locales y regionales deben articularse con el cuestionamiento del orden imperante a nivel nacional y global. Pero también insistimos en que forjar un nuevo bloque histórico transformador incluye el problema del poder territorial, o corremos el costo de convertirnos en tigres de papel, sin capacidades reales de gobernar territorios frente a poderes para-estatales o fácticos.

Debemos entonces entrar en lo inmediato y colectivamente a la problemática de la descentralización -en tanto democratización del sistema político y cambio del modelo económico- posicionando nuestras prioridades en políticas regionales, así como nuestras propuestas de cambio en los lineamientos estratégicos de desarrollo regional. A la vez desarrollar una agenda de propuestas y medidas urgentes para dar respuesta a las situaciones críticas del Bio Bio, y levantar una candidatura a las elecciones de gobierno regional que enmarque y promueva las candidaturas comunales.

Se trata de salir del rol de mantenernos a la espera de triunfos basados en lo que el adversario no sea capaz de hacer, pues la derecha actual ya ganó por la debilidad de otros y podrían mantenerse por la misma razón. Si nuestro avance como conglomerado es parte de la apertura de los derroteros sociales que ponen en marcha una fuerza social regional con movilización y propuesta, que rechace y asuma la necesidad de superar este modelo, estaremos construyendo alternativa. Y si este salto político conjunto prende y hace sentido a romper con el gobierno y sus potenciales sustitutos estaremos ensanchando nuestra base y consolidando alianzas de largo plazo, evitando el riesgo de terminar como vagón de cola de una recomposición política neoliberal -o incluso de nuevos fenómenos electorales- para ser parte conductora de un proceso político para un nuevo ciclo.

La oportunidad FA de ser una alternativa a nivel de gobernar el país y los territorios sigue abierta. Pese a nuestros errores e insuficiencias, hemos sobrevivido sin divisiones y sin ser cooptados, y avanzando en mecanismos de coordinación y funcionamiento local. Dado el escenario nacional, el debilitamiento de las fuerzas tradicionales nos debe empujar a retomar la conexión a fondo con los actores sociales y volver con más fuerzas a proponerle a la sociedad un nuevo rumbo.

Ser alternativa al duopolio y al neoliberalismo es la principal tarea declarada por la membresía del FA y el compromiso asumido ante quienes respaldaron nuestra emergencia electoral hace un año y medio. Podemos evitar por un lado la marginalidad y por otro el cálculo electoral vacío de alternativa, relanzándonos no solo a ganar cargos sino a empujar un proyecto, como recipiente de voluntades y de luchas en una región donde esa necesidad es apremiante.

Concentremos fuerzas para golpear el modelo en la región y a sus sostenedores y que esto sea parte del ascenso de una fuerza político-social transformadora, que desarme el modelo actual que beneficia a minorías al costo de hipotecar humanidad y naturaleza. Actuemos para volvernos desde ahora una opción capaz de impulsar la justicia social, el equilibrio ecológico y la redistribución de la riqueza y el poder, sin esperar a que la coyuntura nos regale tal condición.

Javier Sandoval Ojeda
Consejero Regional del Bio Bio
Partido Igualdad - Frente Amplio
Concepción, agosto 2019.